En el hoyo...

Hoy quería matar a todos los seres humanos... empezando por mi. A veces, cuando las situaciones te aplastan como una cucaracha, es cuando quieres desaparecer haciendo puf!... pero no se da. Las cosas no son tan sencillas.
Todo empezó ayer, en el "laburo" -como dicen acá-; descubrí... o mejor dicho, asumí, esa faceta que permanecía oculta bajo una falsa máscara de autosuficiencia. En realidad, soy un ratón, y es terrible. No puedo decidirme a decirle sus cuatro verdades a la gente, por lo menos no cuando quiero hacerlo. Asumo todo como si fuera una esponja. Me mandan y digo: "si señor"; obedezco como una obeja boba, y eso me revienta, porque sé que no está bien, en el fondo quiero desintegrarlo todo, pero no soy capaz de decirlo. Y continúo dándome topetazos contra las paredes.
Hoy me lo volvieron a hacer ¿y qué hice? me quedé callada como una tarada. "Si señor", otra vez.
El honorable señor Rapapá, miró el contenido de la carta -que él mismo firmó la tarde anterior-, arrugó su honorable nariz y dijo: "¡pero te volviste a equivocar!", la exclamación era suave pero contundente. Mi corazón se volvió una pasa, "¿y ahora qué hice?", me pregunté. Nada... mandé algo al sitio incorrecto por segunda vez. Y de quién es la culpa, ¡mía!, sólo mía... él no tiene culpa de nada porque él es el honorable señor Rapapá, y Rapapá no se equivoca, sólo se equivocan sus subditos. Es así, la cuerda se rompe por lo más delgado. He llegado a la conclusión de que me lo merezco por idiota.
La primera vez que logre decir lo que quiero decir en el instante en que debo decirlo, seguro que desapareceré dentro de un hoyo negro.

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