De la falta de honestidad


Al inicio de este fin de semana me ocurrió algo curioso, para resumir, tuvimos una pseudo fiesta de despedida del año, un día quince; bastante que nos adelantamos al final del año, pero qué se le va a hacer, las empresas son las empresas.
Nada, nos llevaron a una estancia a las afueras de la ciudad. Un parque gigante lleno de verde, con piscina, caballos y bicicletas. Algo bien campestre.
Pasamos la tarde en el agua, jugando a la pelota, bebiendo y comiendo. Una linda tarde...
Acá es donde hago el paréntesis, y es, precisamente, sobre lo que me propongo reflexionar: ¿por qué siempre termina el homosapiens con el alcohol opacándole el cerebro? Es curioso... no estoy en contra del alcohol, al contrario, me gusta tomar cerveza bien fría en las tardes de verano, sobre todo cuando la temperatura supera los treinta grados; también me gusta beber un trago en reuniones, cócteles y pare de contar. Con lo que estoy en total desacuerdo es en hacer el payaso cuando el entorno es gente con la que trabajas todos los días y, sobre todo, cuando recién empiezas.
Supongamos que se obvia el hecho de estar ebrio. Porque, para ser sincera, el estado de ebriedad puede, en algunos casos, ser hasta delicioso. Pero el estar ebrio tampoco justifica determinadas acciones, como por ejemplo hacer cosas que no se harían cuando se está sobrio, y justificarlo con un "es que no sabía lo que hacia porque estaba borracho".
¡No!, ¡no! y ¡no!... en ese caso sólo se justifica el no coordinar las extremidades, nada más. Si haces cosas de las cuales no te sientes capaz cuando estas sobrio quiere decir que estas quitándote algunas caretas que te pones para tratar de engañar, y eso me parece deshonesto.
En fin, vi a alguien hurgando entre mis cosas, luego el tipo va y pone cara de "yo no fui", me dice que estaba buscando al dueño de un termo. Creo que fue la frase más estúpida que he escuchado. Finalmente, me entero que la cartera de una de nuestras compañeras ha desaparecido con el dinero que llevaba dentro, aunque el ladrón se tomó la delicadeza de dejarle las llaves de su casa. ¿Qué puedo pensar? ¿Qué hacer en esa situación? Me quedé de hielo, y como buena tonta no dije nada. Sé que debería colgarme junto con el ladrón por omitir lo que sabía, pero nadie me garantiza que el culpable sea el mismo. Así que cerré mi boca y me dediqué a mirar pasar los árboles durante el camino de regreso a casa.

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