Aqua y sus problemas domésticos

Con el frío la cantaleta cerebral empieza: el calefón que se apaga, el calefactor que también se apaga, la ausencia de un lugar donde lavar la ropa, -¡no hay secaropa!- y, lo peor de todo, no hay espacio para tenderla una vez lavada. Pero Aqua sigue ahí, inclinándose sobre la bañadera, exprimiendo la ropa que siempre queda goteando, tendiéndola en una cuerdita improvisada que deberá destenderse cuando toque la hora del baño, y dándole golpes, que se transforman en garrotazos, al calefón a ver si de una buena vez se compone.
Sin embargo, es feliz. Porque tiene un lugar donde no molesta a nadie y puede llenarse la cabeza de ideas que nunca lleva a cabo, reírse a carcajadas si le place, quejarse de los vecinos, que parecen más perros y gatos que un matrimonio con dos chicos, escribir hasta las cuatro de la madrugada, mirar un Animé por YouTube ó alquilar una película y dejar de verla porque le dió sueño.
Y es que el amor hace que la vida en el planeta, aunque se caiga a pedazos cual leproso terminal, le sigue pareciendo color de rosa.
¿No es hermoso?

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