Sólo un poco de sentido común, ¡por favor!

Me comentaba Aqua la otra noche que los seres humanos nos sentimos el centro del universo. La miro y dejo que hable, que desahogue esos pensamientos recurrentes que la perturban. Ella sonríe feliz y dice, explicándome el punto:
-Tomemos en cuenta, por ejemplo, que hasta hace unos siglos los científicos pensaban que los astros giraban a nuestro alrededor, y sino pregúntale a Aristóteles. Luego, se demostró, científicamente, que la tierra no es el centro del universo, como tampoco lo es el hombre. Los seres humanos sólo son minúsculos componentes de una totalidad tan basta que es necesario abstraerse para comprenderla. Eso los convierte en una partícula infinitesimal. Tan pequeños son, que apenas representan una fracción del último segundo del calendario del cosmos, es decir, que no existen, comparados con la inmensidad oscura que nos rodea. ¡Y siguen creyéndose el ombligo del mundo! Tratando, a los codazos y mordiscos, mantenerse firmes en el espacio que ocupan y ensucian con sus excrecencias. Pensemos ahora en el Subte -sigue diciendo-, un medio de transporte tan terrible como útil, e inútil en algunos casos, que utilizan a diario los que viven y se mueven por la ciudad. Si no existiera el Subte no sé como haría la horda de empleados, obreros, estudiantes, amas de casa y otros que ingresan a diario a la ciudad cual langostas enloquecidas por días de hambruna, para llegar a sus respectivos sitios de explotación laboral, colegios, universidades y etcétera. Ilustremos la situación: imagínate uno de esos días en los que el Subte ha dejado de funcionar, ¿qué ha pasado? Yo creo que si existe un infierno debe ser muy semejante a ese desborde. Muchos se cuelgan de los colectivos, agarrándose con una uña de ser necesario. Otros se tiran de la ropa y del cabello, se insultan y patean, rugen y hasta lloran de impotencia. Ahora, no seamos tan drásticos y pensemos que el Subte funciona, pero que esta funcionando en hora pico, ¿qué ocurre? Exactamente lo mismo, porque la gente se pelea por llegar, a donde sea. Gastan hasta el último poquito de energía en subirse a un vagón y obtener un diminuto espacio en el que apenas pueden respirar. La conclusión es: los humanos son egocéntricos, individualistas, salvajes, despiadados y masoquistas. Les gusta sufrir, y el grado de sufrimiento se potencia porque creen que las cosas que los rodean giran a su alrededor y para su beneficio. En definitiva, es muy difícil que el hombre piense en conjunto. No es una teoría socialista, a lo que me refiero es a la carencia casi absoluta de sentido común.

-El otro día iba a casa -le digo-, en el Subte, en hora pico y entre la salvajada. Saco un libro y trato de abstraerme con la lectura. El vagón está a reventar de gente, y una chica sube en Pelegrini. Entra a los codazos y se enfila por el pasillo en donde voy haciendo equilibrio para no caerme. Siento que me empuja, y al mismo tiempo me pide disculpas y permiso para pasar. Sé que no debería moverme; que debería pelear por mi espacio, pero como sé que mi masa no se comprimirá por más que lo desee, y la chica va ha seguir ahí, parada y mirandome como un bicho apaleado, me parece más sano moverme hacia la izquierda, en donde todavía queda un mínimo espacio utilizable, que otros no han descubierto por estar tan aturdidos entre el calor y los olores. La chica sonríe y dice: ¡gracias! En aquel momento la odiaba por haberme hecho levantar la vista del libro y moverme, pero ahora que lo pienso, le agradezco el gesto... Debe ser que me hace sentir menos miserable.
-Suenas como un pastor.
-¡Bah!
La sacudo un poco, intentando amigarla con el mundo, con lo cotidiano y lo absurdo, eso que somos y no queremos ser: un constante diluirse para olvidarnos de los "porqués"; pero se encoge y arruga la cara. Voy a tener que ignorarla por un tiempo, por lo menos hasta que recupere la paz. Es hora de encender una vela.

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