Metáfora sobre la desazón

Desde el fondo me llegan algunas voces que hablan de fútbol. No tengo capacidad para poder recordar tanto nombre ni comentarios sobre los movimientos de los jugadores en la cancha, tal vez porque en el fondo no me interesa. El fútbol no es un tema que quiera guardarme en el disco duro, ocupando espacio inútilmente; aunque sé que hay muchas otras cosas inútiles que guardo sólo porque me resultan mucho más entretenidas.
El deporte, en definitiva, no es mi fuerte.
Prefiero aislarme y dejar que las cosas me resbalen. Sin embargo, no puedo evitar escuchar. Oigo otras voces, esta vez escogen la comida que van a pedir para almorzar. Tienen una reunión y a ellos les pagan el almuerzo. A mi no me han pagado el primero como consecuencia de una reunión. Las pocas veces que nos hemos reunido sólo nos han dado un par de facturas y nada más. Creo que vengo arrastrando fantasmas infantiles, como cuando la maestra del jardín me ignoraba y yo me echaba a llorar al llegar a casa. En esa época estaba mi mamá para contentarme, dándome los besos que me negaba la maestra. Es gracioso que lo recuerde precisamente ahora, ¡puedo ser tan infantil algunas veces! No me debería importar en lo más mínimo. Hay que quemar el edificio y mirarlo arder... no es que lo vaya a hacer, tan sólo divago: una metáfora sobre la desazón.
Podría ampliar el abanico de comentarios pero prefiero dejarlo flotar. Lo tomo por una punta y lo lanzo al vacío a que deambule por el cosmos; eso le da la posibilidad de que en algún momento pueda ser absorbido por un hoyo negro y desaparezca de mi vista para siempre.
Lo malo conmigo es que si me quedo sola y desocupada mi cerebro comienza a generar ideas que se multiplican mediante una ecuación exponencial, y eso es peligroso, sobretodo para mi salud mental.
Me aburrí, Aqua debe ser encerrada en su caja.

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