¡Aqua, a la caja!

-Estoy cansada -digo, como si nada, de la nada.
La frase surge como si la escupiera alguien que no soy yo.
-Estamos cansadas -acota Aqua desde su rincón.
Esta ahí, sentada, abrazándose las rodillas. Mientras me mira,
pienso que tal vez la palabra adecuada debería ser agotada, porque es la que mejor se amolda a esta sensación de pesades que me cuelga de la cabeza y el cuerpo. No necesito decirselo a Aqua porque ella ya lo sabe, nos conocemos desde hace mucho, mucho tiempo. Se rie, sacudiendo la cabeza, gesticulando a su modo infantil.
-¡Quiero una galleta!
-¡Ya te has comido un montón!
-¡Bah!
Se encoge un poco más, si es que eso es posible, y me mira con odio.
-Ya, ya...
No tengo corazón para dejarla sin sus galletas, para no cumplir sus caprichos. Con ella soy débil. Mi mounstrico preferido, mi nada de nada. El agotador sentido de mi existencia metafísica.
-¡Estupidez!
Agradezco el comentario porque asi no pienso más.
Tengo que seguir trabajando.
-¡Aqua, a la caja!

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