Engullidora de recuerdos

Aqua levanta recuerdos del suelo y, como si de hojas secas se trataran, los va apilando a un costado. Uno, dos, tres, cuatro recuerdos. Le pregunto dónde los pondrá y ella dice que irán a la caja de recuerdos secos, donde los pisoteará hasta volverlos polvo y luego se los comerá. Así podrá revivirlos desde la digestión, desde bien adentro. Y se ríe a carcajada limpia. Esta cada día más atormentada, la pobre, quizá la soledad le está haciendo mal, o quizás es parte del proceso. No quiero regresarla a la caja porque gime y llora sin parar. Cuando sale tiene los ojos colorados y hace pucheros. Parece tan dulce que hasta la compadezco, pero no debo dejarme convencer por sus caritas: son sólo tretas. La conozco. Si la dejo suelta se apoderará de todo, engullirá cada cosa a su paso y quedará con la panza llena, hasta flotar abombada en el mar de la vida.
Es hora de regresar a la realidad.

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