Breve nota para un desesperado

En el 2002 vivía en una zona no muy linda de Caracas, para ser más exactos en un barrio cercano al Terminal de La Bandera. Quien conozca Caracas sabrá de qué hablo cuando digo que “no es una zona muy linda”; de hecho es un barrio feísimo pero como el presupuesto y las energías en ese entonces sólo alcanzaba para aquello, me conformé con una habitación en un departamento que compartía con mi hermana y una viejita de la que prefiero olvidarme.
El barrio en horas pico era la cosa más espantosa que puedo recordar. Apenas se podía caminar por las aceras diminutas, entre basura maloliente, buhoneros y perros, sin tomar en cuenta el atronador sonido del tráfico y al venezolano común que trabaja, estudia o simplemente vaga por las calles llevando a cuestas sus alegrías o su malhumor.
Un día que salía de la estación del metro, formando parte de las gotas humanas que salpicaban la calle, vi que desde la otra acera se acercaba una chica. Su figura menuda y el cabello, muy largo y muy negro, me recordaron a la chinita del supermercado. Caminaba como si apenas rozara el suelo, con la mirada triste y los brazos caídos en una actitud tan abatida que daba pena. Era la viva imagen del desencanto. En aquel momento, y no sé por qué, tuve la sensación de que ella gritaba, no un grito común, sino una energía que la desgarraba desde dentro. Un grito de labios cerrados, desesperado y mudo. De alguna manera podía percibir esa angustia, aunque puede haber sido sólo mi imaginación. Fue como si la ciudad se detuviera por una fracción de segundo, y durante ese tiempo me mirara en un espejo de agua: su angustia que se parecía a la mía... Entonces la chica desapareció entre las nuevas gotas humanas que salían metro y yo seguí mi camino.
A veces, y ahora en Buenos Aires, cuando voy de regreso a casa, agotada del trabajo y la rutina, trato de exorcizar la amenaza de esa vieja sensación, porque es una angustia que no quiero. Hace mucho tiempo que he dejado de gritar en silencio, sólo espero que aquella chica también haya podido hacerlo.

Comentarios

Ludwig dijo…
¡Que hermoso escrito!.
Has conseguido casi, que sintiera lo mismo, al leerte.
Aunque soy más bien negativo cuando pienso que todos nos limitamos a gritar en silencio.
Es lo fácil, lo que no da problemas.
Un abrazo desde España.

Luis
Aqua dijo…
¡Gracias, Ludwing! Que bueno que te haya gustado...
Tienes razón, muchas veces nos limitamos a gritar en silencio, para mi ha sido muy frecuente, de ahí el texto, como verás, pero prefiero pensar que he superado esa costumbre con este blog... como decía en algún otro texto anterior, este es mi método de gritar, drenar esas cosas que si no las sacas te amargan la vida. También estoy aprendiendo a aplicarlo en el diario pero eso lleva más tiempo.
¡Me encanta que hayas pasado!
¡Otro abrazo para tí!
Maumy! desde cuando escribis asi ! ajajajajjaja no te reconozco!
Sinceramente , hasta que no me mandaste el mail no habia entrado a tu blog... :) es que soy media tonta. muy bueno! Ahora sigo leyendo tus entradas anteriores. Un beso grande a todos.
Vespertine dijo…
Gritando en silencio. Me hiciste acordar a Edvard Munch, el pintor expresionista noruego.

Aquí un ejemplo de desesperación silenciosa

http://www.humanitiesweb.org/gallery/100/4.jpg
soyfeliz dijo…
Gracias viejo
soyfeliz dijo…
Que jodida que es la puta coca, y lo feliz que se es, cuando sales del tunel.
a quien le pueda dar mi luz.......
Aqua dijo…
Meli, bienvenida a mi castillo virtual, como vez, tengo sorpresas bajo la manga, magic!
Se le extraña...

Fer, me encantó el dibujo, gracias por la ilustración y el link, no conocía al artista, así que voy a chusmear un poco!
Un beso grande!

Amigo "soyfeliz", no entendí el comentario, si puedes traducirmelo para saber como responderte te lo agradecería.
Saludos...

Hoy hace fresquito en Bs As, y tengo que armar carpetas, fuchis!!
(Aqua acaba de asomar la cabeza, ja!)
laura dijo…
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