Cuidado te lleva el gnomo

Cuando me recuerdo de niña mis sentimientos se parecen a los de ahora. No me siento diferente a la que era en ese entonces, al contrario, soy esa que era.
Sin embargo, cuando veo a los niños desde afuera, desde esta altura de adulto, los veo tan chiquitos que siento una diferencia enorme. Me da temor la mirada de esos niños porque a sus ojos no se puede ocultar la verdad.
Fui niña, imaginé, fabulé, cree mundos increíbles con personajes llenos de magia. Y conocía lo que eran Los Adultos, esos hombres y mujeres más grandes, más altos que yo, que pretendían que mi mundo de fantasía fuera Su realidad. Los Adultos querían estafarme.
Entonces crecí, y perdí la magia, dejé de sentirla. Pero sólo eso me robaron, porque no lograron quitarme los recuerdos.
Por eso, explorando esa terrible imaginación de la niña que era, y mezclándola con la imaginación de la adulta que soy, surgió "Cuidado te lleva el gnomo", como parte del rompecabezas que es el grupo Cosas de niños. Aunque las historias no son necesariamente para niños.


-¡Mami! ¡Mami! –gritó la nena al entrar.
Las cáscaras de las papas se desenrrollaban en tirabuzones sobre la mesada.
-¿Qué? –le preguntó la madre.
-¡Los gnomos se han llevado el árbol del patio!
-Los gnomos no existen, Trini –afirmó la mujer.
La nena sacudió la cabeza de un lado a otro y los ricitos se le estremecieron.
-Los gnomos si existen –dijo Trini bajando la voz.
La mujer miró la cabeza gacha y las manitas en jarras.
Con lentitud pero con firmeza repitió:
-No existen. Ahora, anda a jugar al patio porque mamá está ocupada.
Trini salió disparada hacia una caja, hurgó entre los juguetes y avanzó triunfante, empuñando su magnifica pistola de agua.
-¡Pof! ¡Pof! ¡Ta-ta-ta-ta-ta-ta! –se escuchó desde el patio.
La mujer siguió pelando las papas. Las cortó al detalle y las introdujo en una olla que estaba al fuego. Se secó las manos en el delantal y con un gesto automático abrió la puerta del congelador.
-¡Olvidé comprar la leche! -murmuró.
Al cerrar la puerta, la diminuta figura de Trini la sorprendió.

-Los ataqué con mi arma, pero igual se han llevado a Toto.
-¿Quién se llevó a Toto?
-¡Los gnomos! –gritó fastidiada la nena.
-Los gnomos no existen, Trini –volvió a repetir la mujer con cansancio.
Trini arrugó la cara.
-¡Si existen! –afirmó. Sacudió las manitas y movió los dedos como si contara-. Se llevaron a Toto, al árbol, ¡y a la señora Carlota cuando se asomó por la reja!
Levantó la vista y miró a su madre con los ojos muy abiertos.
Del suelo emergió una sombra negra que avanzó lentamente cubriendo a la mujer de los pies a la cabeza. Una mueca de dolor se le dibujó en el rostro. Gritó, pero nada salió de su boca. Fue absorbida por completo, quedando en su lugar un hoyo negro y profundo.

Sobre la hornilla las papas siguieron hirviendo.

Comentarios

Ludwig dijo…
Es un cuento encantador, delicioso.
Gracias por el buen rato que me has hecho pasar.
Esta noche miraré debajo de la cama antes de acostarme.

Luis
Aqua dijo…
Fíjate bien porque los bichos más peligrosos tienen debilidad por los lugares oscuros, como debajo de la cama, dentro del placard, esquineros, cortinas y etcetera.
¡Me has hecho reír!
Como vez, Aqua tiene su lado tenebroso, aunque siempre llevado con la mejor actitud.
¡Te mando un beso grande, y gracias por seguir viniendo!

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