Cosas Raras | Niños de la calle

El jueves estaba almorzando con una amiga en San Telmo. Nos decidimos por un restaurancito que queda sobre Chile, y nos sentamos al sol, protegidas por un toldo. Lo de protegidas es sólo retórica, porque sentarse a almorzar en una mesa que esté sobre la acera, en San Telmo, es ponerte un cartel que dice: pídame que seguro le doy. Pero, como a esta altura ya estoy inmunizada anti pedigüeños empedernidos, pongo el automático para decir: no, no, no y eso me deja almorzar en paz.
Cata, mi amiga, que es una persona dura y romántica, al buen estilo de los tanos porteños, me dice:

-¡Que lindo almorzar bajo el solcito!
La escucho -la escuchamos-, y Aqua se remueve en su caja.
-Lo malo de almorzar fuera del local -le digo-, es que siempre hay gente que te viene a pedir.
Entonces, el oráculo cósmico decreta que algo va a pasar y pasa...

Una mujer: veinticinco años, contextura fuerte, ojos muy vivos, cara de "yo no fui" y un bebé en brazos, se acerca a nuestra mesa.
-Una moneda, por favor -dice.
Respondemos en automático:
-¡No!
Me siento pésima persona, pero si me dejo engatuzar por todo el que me pide en la calle corro el peligro de enloquecer.
Luego del mal sabor, y de rogar que por favor, por favor, no venga nadie más, se nos acerca un grupo de nenas de entre diez y doce años. Una detrás de otra van cumpliendo el mismo método. Estoy segura de que saben lo que hacen. Viven de eso, la vida las ha entrenado para vencer por cansancio, y son muy pacientes, hasta cierto punto.
Las escuchamos repetir de memoria la misma frase. No importa mirarnos, sólo cumplir con el rito y esperar, con la mirada en el suelo. Sus caras transmiten miseria, y yo me voy sintiendo cada vez más enferma.
Hasta que llega el turno de una nena que tiene toda la pinta de no darse por vencida con facilidad. Trato de ignorarla y ella se me pega a un costado.
-¿Me das una moneda? -me pregunta.
-No
-Es para comprar comida.
-No -repito.
-Entonces... ¿me das un tique?
No entiendo. Creo que me sigue pidiendo una moneda y le vuelvo a decir que no. Ella, paciente, insiste:
-¿Me das un tique?
Esta vez me fijo en que dejé los tickets canasta sobre la mesa. Miro a la nena y le digo:
-No, no puedo darte un ticket.
La nena sigue ahí, de pie, amenazándome con su cara triste. Insiste una vez más y le doy la misma respuesta.
Entonces se transforma.
Conozco ese tipo de transformaciones. Estoy cansada de verlas. Primero son dulces y enternecedores, tanto que se te encoge el corazón. Después son adultos enanos, demonios diminutos, seres oscuros dentro de la piel de un niño. Suena terrible, pero no puedo evitarlo, me producen pánico. Sé que no es su culpa... es culpa de la vida.
Esta nena iba más allá de mi categorización de adulto enano. Destilaba amargura. Era evidente que conocía el odio, la maldad, las malas intensiones y el desprecio. Me dio pena, porque a su edad debería estar jugando con muñecas, creando fantasías y esas cosas que hacen los niños. Sin embargo, estaba ahí, pidiéndole un ticket a una desconocida que trataba de ignorarla. Me odiaba, tal vez momentáneamente, porque yo sólo representaba una sombra más, en medio de tantas otras. Observamos nuestras sombras, y ella, pequeña y terrible, me susurró, sabiendo que no debían escucharla desde la otra mesa, aunque con la suficiente claridad como para que yo sí la escuchara:
-¡Metételos en el culo!

Y así sigue el mundo. Pasan cosas raras, cosas de este tipo y mucho más exóticas.
¡El oráculo ha hablado!

Comentarios

Ludwig dijo…
Sobrecogedor, Aqua.
He sufrido alguna situación similar, aquí y en Buenos Aires.
Quizás la parte negativa de tu ciudad son los mendigos y el "cirujeo" (creo que lo llamáis así).
Un abrazo desde Barcelona.

Luis
SUSANA dijo…
Es un tema difícil Aqua querida. Sobre todo porque en la actualidad se ha "institucionalizado" la mendicidad como nunca antes en la historia.
Detrás de la niña/o, siempre hay adultos manejando un negocio. Es muy difícil discernir si la moneda realmente es para la niña. O por el contrario, fomentamos con nuestra actitud el abuso de los menores.

¿Dónde están las autoridades? nos preguntamos todos. Si Vos, yo y todos sabemos que inevitablemente vamos a encontrar a esos niños en las veredas...Minoridad, la Justicia, ¿No se enteran?

Es una vergüenza que alguien tenga este tema a su cargo y no cumpla con su trabajo.

Mi abrazo para Vos!
Aqua dijo…
Luis, sí es una situación sobrecogedora, en especial porque no son gente grande los que se te acercan sino niños y niñas, muchas veces tan chiquitos que te sientes terrible y no sabes si darle la moneda o no, porque es muy probable que ese dinero no sea para ellos sino para algún adulto abusador, como dice Susana. Así que por regla general no les doy monedas, si veo algún nene realmente muy necesitado y con una energía verdaderamente triste le compro algo para que coma... pero algunos no te aceptan eso sino las monedas, es como si necesitaran tener el dinero encima -que probablemente no es para ellos sino para alguien más.
A veces pienso que me estoy volviendo insencible y es muy feo.
No sé qué hacen las autoridades -si es que hacen algo-, pero desde que estoy en Buenos Aires he notado que el nivel de mendicidad ha subidio mucho, y eso es preocupante.
Su, Luis, gracias por pasar, me gusta mucho compartir estas cosa con la gente que me lee, no sé cuantos son pero con ustedes me siento muy cómoda, y me contenta que sigan pasando por acá.
Saludos cariñosos de esta cabecita enloquecida!!
Ciao!!
RED FISH dijo…
Aqua, el tema que tocaste es uno de esos que por lo menos yo trato de evitar, por que no le encuentro solución y resolución que me deje conforme.
La institución de mendigar existe sin dudas, pero hasta que punto nosotros no hemos insitucionalizado esa idea, como para justificarnos y permitirnos no dar lo que es nuestro y nos corresponde. Es más facil decir y pensar eso que reconocernos tacaños o insensibles a personas con mayores necesidades.
Por que al fin y al cabo estará insitucionalizado, pero no creo que el dueño de esa corporación tenga un piso en puerto madero.
Por otro lado, también es cierto que si me vuelvo dadivoso, la carencia es tal que no termina más. Le doy a uno, atrás va a venir otro y otro y otro. Entonces me pregunto por que no dar lo que no necesito, o de lo que podría prescindir. Y qué lograría con eso? comprar culpa? mejorar algunos minutos de algunos carenciados?
No se, y como no tengo respuestas elijo no preguntar, sentarme a comer al solcito, y decir no, no, no, no, no, no.
Al fin y al cabo, uno tampoco puede hacerse cargo de lo que no le corresponde (sería una justificación más para hacer lo que hacemos).
Vespertine dijo…
Mujer, como siempre, me quedo con la boca abierta. El relato es impecable, casi que estoy ahí almorzando pizza y cerveza con ustedes. Me encanta Aqua, tal vez en estos dias me imagine algunas cosas de ella y las escriba.
Repecto al tópico elegido:
Un porteño me refirió el tema como "la industria de la monedita". Al principio lo catalogué como nazi, al menos. Después me fui dando cuenta de cosas. Me dijo "miralos, antes de que lleguen a pararse delante tuyo y después de que se van". Nunca están solos. Les enseñan a pedir. Mientras más lástima y compasión despierten en corazones generosos, más rentable será su negocio. Si se dejaran de regalar monedas desaparecería la industria de la monedita. Claro que su heredero al trono sería tal vez mucho más oscuro, tanto que no querría imaginarlo.
Hay adultos detrás, seguro.
Para no arrojar mi pobre alma a las llamas eternas del tacaño, prefiero darles algo de comer. ¿La plata es para comer? Te compro un pebete, ¿no? Metetelo en el orto al pebete, dirán algunos, pero otros que realmente tienen hambre lo aceptarán y seguirán con su negocio en otra mesa.
Propuesta: lamentablemente, comer adentro.
Un beso con ruido.
Aqua dijo…
Estoy contenta de que este post haya levantado polvo!
Mi estimado Red Fish, que privilegio tenerte por acá!!, espero que sigas viniendo a dejarme tu opinión.
Coincido contigo en que éste es un tema que prefiero evitar, pero como fue una situación tan rara y desagradable, me pareció prudente extraerla y dejarla aquí, como parte de mi catarsis diaria -me gusta exorcizar las experiencias negativas agregándoles alguna utilidad en la vida.
Creo que la mendicidad es esa parte fea de las grandes ciudades de la que todos nos queremos olvidar pero que siempre esta. Capítulos como éste ya me habían pasado en Caracas, y es terrible. Nunca sé como reaccionar. No estoy preparada para enfrentar la crudeza tan de frente. Así que prefiero actuar como Vespertine, "para no arrojar mi pobre alma a las llamas eternas del tacaño", y darles algo de comer, si la ocasión me lo permite. Si no, prefiero decir que no y evitar colaborar con el adulto parásito -que tal vez también es una víctima-, que enseña a esos niños a engañar.
En fin, son esas cosas del mundo que no acabo de comprender...

Vespertine, gracias por el cumplido!! me gusta que te guste. Espero poder leer pronto qué te imaginas sobre Aqua. (Es terrible, te lo advierto, peligrosísima! a veces le tengo miedo).

Chicos, les dejo un abrazo grandote, nos seguimos leyendo!!
Ciao!
Raul Harper dijo…
Un gran saludo! Las votaciones en el concurso BLOGOBUNDOS ya estan abiertas.

Mucha Suerte!
Jorge Sánchez dijo…
Aquí en Bogotá, el sitio en el que vivo está cercado por indigentes y mendigos. La verdad, piden tanto y a tantas horas que ya ni siquiera les digo que no: simplemente no los miro, no los escucho, no me importan. ¿Soy malo por eso? Tal vez, pero tampoco me importa. Como sea, aquí había escrito algo por el estilo: http://jeinzu.blogspot.com/2007/08/la-jimnez.html
Aqua dijo…
¡Bienvenido Jorge! Gracias por pasar a conocer mi castillo.
No puedo dejar de pensar que lo triste de esta situación es, precisamente, que, por necesidad, nos convertimos en apáticos virales.
Es un tema crudo que debemos enfrentar cada día sin querer, y sin comprender por qué.
Supongo que es mejor guardarlo en la caja, junto con esas cosas que no nos gustan.

De acá salto a leer ese post que me dices has escrito sobre este mismo tema.
Gracias por visitarme!
Una abrazo!
Toyita dijo…
alaaaaaaaaaa...ahora tengo una duda...qué hiciste con el ticket_????jajajaja
Aqua dijo…
Ey, Toyita, bienvenida a mi castillo!! Te dejo la inquietud de saber qué pasó con el fulano ticket. Lo que sí puedo decir es que no me gustó la sugerencia... Upssss!
Espero seguir leyéndote por aquí!!
Ahorita sigo buceando en la red, y, de paso, voy a visitar tu blog, a ver de qué va la cosa.
Te mando un beso desde Buenos Aires!
confunde mucho querer ser justo... o tener una acción educativa... o no pecar de tonto... o ser caritativo en fin... yo tampoco me atrevo a hablar de este tema.

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