Sara

Aqua se ha puesto nerviosa ahora que vivimos con Sara. Somos tres y supongo que, como le ha quitado protagonismo, se vuelve inestable. Sara es una gatita de dos meses, un angelito que mira con sus ojos verdes grandes y redondos, reclamando amor a borbotones. Es tan dulce que ronronea feliz mientras le acaricio la pancita. Tiene el pelaje corto, negro y tupido. Es una cosita mínima y muy dulce. Camina de lado con la colita levantada, y juega con un bollito de papel que persigue frenética por toda el departamento. Todavía no se ha habituado por completo al espacio pero vamos haciendonos amigas de las cosas y entre nosotras, asi que espero que pronto ya esté totalmente instalada y cómoda.
Me entristece dejarla solita siendo tan pequeñita, pero tenemos que trabajar y hay que hacer el esfuerzo por dejarla sola sin sufrir al ver sus ojitos pedir que te quedes un rato más acaraciandola.
Aqua me pregunta por qué he decidido incluir una responsabilidad más a nuestro ya apretado horario. No sé la respuesta. Es verdad lo del horario, siempre estamos demasiado cansadas para cualquier cosa; siempre hay algo más que hacer, y un minino tan pequeño es agregarnos trabajo. Pero es dulce llegar a casa y encontrar a una cosita cariñosa que te da la bienvenida. No me importa tener que limpiarla y preocuparme por los tantos contra que pueda tener porque el simple hecho de que está ya es un alivio al final del día, por un buen tiempo Sara estará ahi para hacernos compañía.

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