Terapia de desapego

Había llegado la hora. El libro estaba donde tenía que estar: sobre la mesa. Pero Tomás sentía como si una mano gigante lo aplastara contra la silla, anulando su voluntad. Dándose más tiempo para reflexionar, recorrió los personajes del bar. Su vecino más cercano era un anciano apergaminado que bebía café sin apuro. Más allá, una mujer miraba una revista.

Regresó al libro, aun sin poder entender por qué le costaba dejarlo. Sabiendo, incluso, que sólo debía levantarse y salir. Pero desprenderse no era fácil. El sólo pensar en irse y dejarlo ahí tirado, como basura inservible, sin saber quién sería su siguiente lector, lo descomponía. Amaba los libros, sobretodo los viejos. Las ediciones antiguas, con sus tapas duras, medio carcomidas, y sus hojas amarillentas eran las que más le gustaban.
Lo había comprado durante su paseo previo al café. Al principio se le ocurrió comprar cualquier cosa, sin embargo, cuando estuvo en el puesto se decidió por El Juguete Rabioso, de Arlt. El título, de alguna forma, lo había llamado. Ahora, que pretendía dejarlo, parecía que le recriminaba el abandono.
Se levantó dispuesto a irse.
Pero, ¿y si quien lo encuentra lo tira? ó peor aun, ¿y si no sabe quién es Arlt? Volvió a sentarse. Tenía que esperar. Necesitaba saber quién se lo llevaría. La persona debía ser alguien especial, no cualquier yuppie encorbatado.
A través de las ventanas vio el tráfico sobre Corrientes. Los autos embotellados, simulando ser las escamas de un dragón tan largo como la avenida. Pensó que tal vez él podría escoger al lector. Aplaudió la idea. Sólo había que encontrar a la persona adecuada. Aunque, ¿qué le diría?, ¿cómo podría acercarse a un desconocido y decirle que le regalaba un libro? Sonaría demasiado ridículo.
No, no podía hacerlo. No tenía ni estómago, ni ganas. Lo más inocuo era dejar el libro en la mesa y que el destino hiciera el resto.
Indecisión, parte del problema que, como todo lo demás, se le daba con una exageración abrumadora. Casi podía escuchar a su terapeuta. Se enfureció consigo mismo. Sólo es un libro, se dijo, mientras lo hojeaba con nostalgia. ¿Por qué tanta estupidez? ¿Por qué no puedo sólo levantarme y salir? Tenía que deshacerse de la carga, dejarla fluir.
Se levantó, sin pensar. Aspiró por la boca, llenando bien adentro los pulmones. No siento culpa, se dijo en voz alta.
Afuera, Corrientes seguía siendo el cuerpo del dragón interminable y él se sentía ligero. Decidió caminar antes de irse a casa, sólo para disfrutar de la euforia. Esa noche preparó una cena sustanciosa y durmió sin soñar. Por la mañana, antes de irse a trabajar, revisó el buzón y encontró un paquete de su terapeuta con una nota que decía:


Tomás: ¡No sabes qué extraño! Ayer me encontré El Juguete Rabioso en un barcito de Corrientes. Pero como ya lo leí, y recordé que tú no, se me ocurrió regalártelo.
¡Que lo disfrutes!

Alma

Comentarios

Ludwig dijo…
Me ha encantado.
Como diría mi amiga Chari, nuestro protagonista debía tener alguna cosa pendiente, relacionada con el libro, por resolver.
Un abrazo, Aqua.

Luis
capitan iseka dijo…
Ja, muy bueno el relato Aqua. Me gustó mucho la imagen del dragón sobre la avenida.
Saludos!
Aqua dijo…
Luis que bueno que te gusto! Se me ocurrió este post a raíz de algo que leí en la página de RedFish, a propósito del día del libro. El asunto pendiente es la fascinación que todos tenemos por acumular objetos, esa que nos inculcan desde niños y que después, cuando somos adultos, se vuelve manía.
Creo que este personaje sigue con su asunto pendiente.
Un abrazo también para ti!

Capitán Izeka, sigue siendo bienvenido, siga pasando a curiosear nomás.
¿Qué puedo decirle? Corrientes es una avenida tan larga que no puedo dejar de imaginarla como un dragón sinuoso. Será que tengo una imaginación muy volátil?
Hmmm no sé...
Le dejo un beso!
Miguel dijo…
Aqua!

Me ha gustado mucho el cuento, como ya lo dijeron antes, muchas veces hay asuntos pendientes que tienen que resolverse... este cuento me recordo una frase: "Si amas algo dejalo libre, si regresa es tuyo... si no, nunca lo fue"... creo que el libro si era de nuestro personaje, o yo estoy desvariando bastante, jeje.

Saludos!

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