Hombrecito con capa

En esta vida si que pasan cosas raras, ¿no cree? El otro día, por ejemplo, vino al bar un hombrecito; lo llamo hombrecito porque es el mejor adjetivo que se me ocurre. Eran como las tres de la mañana y afuera soplaba un viento terrible, tanto, que el último cliente tuvo que hacer fuerza para poder abrir la puerta. Yo estaba aquí, lavando los vasos, cuando volví a escuchar la campanilla. Como no vi a nadie me asomé por encima de la barra y ahí estaba: un hombrecito envuelto en una capa verde.

Saltó. Se sentó sobre la barra y la capa se le corrió, dejando ver parte del muslo peludo. Me pidió ron y le llené un vaso. Bebió como si nada un trago tras otro.
-¿Sabes lo que me ha pasado? –dijo.
Negué con la cabeza.
-No, no puedes saberlo porque no estabas ahí. Me humillaron, ¿sabes? ¡Vejado por una princesa! Ni siquiera Rumpelstilzchen la pasó tan mal. Me sacaron a patadas y lo peor fue que se rieron de mi, ¿puedes creerlo?
Se secó los labios con la mano y siguió diciendo:
-Mira, viejo, yo soy un duende, ¿sabes? ¡Un gran duende! No como el resto que se la pasa buscando oro y esas cosas… Quería una noche de lujuria con la Princesa Verde y lo logré. ¡Esa si es una princesa hermosa! Salió en la portada de PlayGoblin, mostrando esa colita redonda que tiene... Pero no cualquier puede acercarse a sus piernas, hay que tener estilo para eso. Yo pude meterme en el castillo gracias a la Condesa Sangrienta; una encantadora mujer, aunque sin mucha gracia. Por supuesto, ya sabía que la princesa siente debilidad por los personajes como yo. Incluso sé de algunos a los que el rey les mandó cortar la cabeza sólo por haberla cortejado. A pesar de ese detalle, estaba dispuesto a arriesgarme… Ella, como otras princesas, tiene sus secretos. Se reserva una torre del ala este del castillo sólo para sus historias. Le dicen la Torre del Retiro y hasta el rey debe pedir permiso antes de entrar. Un capricho, evidentemente... No sabes el olor delicioso que tiene. Lo primero que hice fue abalanzarme entre sus pechos y acariciarme las protuberancias de la nariz con su piel rosada, algo fascinante. Ella se volvió loca. Un marinero polaco se ruborizaría ante las cosas que hicimos. Pasamos horas en la cama. Hasta que el rey tocó la puerta. Por supuesto, no nos esperábamos al rey. Salí disparado y me metí de cabeza en el placard. No es que le tenga miedo pero sé, de buena fuente, que conoce las artes mágicas para atrapar duendes. Las aprendió en un cursillo con la bruja Magdala. Además, tiene el amuleto de hierro de los Cruzados Negros y eso le da una gran ventaja. La princesa ya me lo había advertido, así que no lo pensé dos veces. Me encerré entre telas y encajes delicados; entre las cosas más primorosas que hubiese visto jamás; un paisaje embriagador. Podría echarle la culpa al castillo, pero no sé, y más vale que no preguntes. El hecho fue que enloquecí y, desnudo como estaba, me envolví con placer indescriptible en esta capa.
Dejó el vaso a un lado y se levantó. La capa se desplegó como vapor a su alrededor.
-Estaba en el mejor momento de la performance. Me divertía, sobre unos tacones perlados, cuando el rey abrió las puertas del placard y me miró de arriba a abajo. Se puso colorado y se tiró al suelo agarrándose la panza. Rió y rió, a carcajada limpia, hasta que casi se desmaya. La princesa, en cambio, abrió muy grandes los ojos, soltó una sarta de blasfemias irrepetibles y de una patada me echó a la calle.
Con la última frase dejó caer la capa y quedó completamente desnudo salvo por un liguero rosa.
-¡Bah! –dijo chasqueando la lengua-. Lo único que lamento es no haberme traído el brassier y las bombachas (1).

En el caso de que este post sea leído por algún (ó alguna) cibernauta venezolano, aclaro que bombachas quiere decir pantaletas. Para otros (u otras) latinoamericanos, también significa bragas. Si me perdí de algún otro término coloquial sepan disculpar, y por favor avísenme para salir de mi ignorancia. El resto de los términos extraños son pura invención mia, por lo que insisto: ¡chic@s usemos la imaginación!

Comentarios

Ludwig dijo…
En lugar de decir "salvado por la campana" podría decirse "salvado por las bragas".
Me ha gustado el cuento.
Un beso.

Luis
Miguel dijo…
Muy buen cuento Aqua... como bien dices, hay que dejar volar la imaginacion.

Muchas felicidades por esta historia picara y sumamente divertida.

Miguel
Aqua dijo…
Sí, Miguel... ¡la imaginación es una cosa maravillosa! Es triste que con el paso del tiempo se pierda.
¡Los adultos podemos ser a veces tan aburridos!
A mi, en particular, me gusta pensar que sigo teniendo una imaginación tan prolífica como cuando era niña y fabulaba historias para mis hermanas.
Por supuesto, a esta altura, las historias tienen toques de picardía que no tenían en ese entonces. Crecí, y la edad trae consigo experiencias diferentes, eso es lo divertido.
Me alegra que esta historia te haya gustado. Seguiré escribiendo cositas que ejerciten nuestra imaginación. Y espero seguir contándote entre mis invitados favoritos. ¡Gracias por la visita al castillo!
Te mando un beso grandote...

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