26.8.09

Dialogos mínimos | Felinos

El felino
Por AquaVioleta


Diana miró a la gata al colgar. Estirada, sobre la poltrona de la que se había apoderado desde que llegó siendo una cachorrita, la gata bostezó.
-¿Qué te dije que contestaras cuando llamaran por teléfono?
La gata adoptó su pose de observadora. Una esfinge. Divina. Peluda.
-Que la señora está muy ocupada haciendo negocios con unos magnates hebreos.
Los ojos amarillos siguieron quietos.
-Ya veo que no te da la neurona para eso...
La gata se levantó. Estiró las patitas de adelante, en esa posición de yoga increíble, que sólo un humano con mucho entrenamiento puede hacer, y le dió un cabezazo amoroso.
-Dejá, tonta -dijo Diana, haciéndole mimos.
La gata ronroneo y siguió su camino.
-La próxima vez me compro un canario. Por lo menos cantan.

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18.8.09

Pánico y locura en Las Vegas

Poster Oficial de la película

Anoche vi Fear and Loathing in Las Vegas (1998) del director Terry Gilliam, quien también dirigió películas como Brazil, Twelve monkeys, The Brothers Grimm, Tideland y la reciente The Imaginarium of Doctor Parnassus, que según los últimos comentarios se estrena en septiembre y en la que aparece el fallecido Heath Ledger; aunque las últimas escenas de su personaje debieron ser realizadas por Johnny Depp, Jude Law y Colin Farrell, pero esa es otra historia.

12.8.09

Al mejor postor

Charlotte
Por AquaVioleta



Perdiste, dice el ciego. Debes morir, Charlotte.
Ella, que parece de cera, aprieta los labios. Piensa que no vale la pena mentir. No tiene sentido. Un pacto es un pacto y debe cumplir. A lo lejos viene el tren. Lo escucha zumbando como en un sueño. Sería hermoso dormir, seguir soñando. Pero no puede.
Debo morir, dice.
El ciego le entrega lo necesario y ella obedece. No tiene miedo, tampoco razón. Ahí donde debe estar su sentido de supervivencia sólo quedan aullidos de viento.
Olvídalo, piensa. Mantente derecha y sonríe: Charlotte no necesita instrucciones.


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9.8.09

Libros | Trafalgar

Trafalgar
Página/12, 2004
Literatura fantástica y de ciencia ficción


Angélica Gorodischer escribió, de acuerdo a la contratapa de La noche del inocente, de Emecé:


"Nací cuando caía Irigoyen. Crecí con aquella crisis. Entré en la secundaria con la Segunda Guerra. Fui a la facultad con Perón. Me casé cuando la quema de las iglesias. Bailé boleros con Pedro Vargas, fox-trots con Benny Goodman, y tuve mi primer hijo cuando Lonardi decía ‘ni vencedores ni vencidos’. Empecé a escribir profesionalmente con los hippies y el Di Tella. Seguí escribiendo con los milicos. Tuve mis nietos con la democracia. Tengo cuarto propio pero no
quinientas libras al año. Sigo escribiendo"

Algunos la describen como una escritora ecléctica, porque ha escrito historias que van desde la ficción a la fantasía, e incluso a la ciencia ficción. A mi me encanta, sobretodo por ese estilo particular que lleva su nombre lo leas donde lo leas. Es una mujer muy fresca, feminista y, en especial, sencilla. En una oportunidad, buscando cosas sobre esta escritora, me topé con una entrevista que aparece en la audiovideoteca del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en la que comentaba:
"Nunca investigo: lo invento todo. Mientras sea verosímil dentro del texto, ¡qué me importa si es cierto o no! Si vos te lo crees está bien."
Tan simple como eso... también está en video, para los que tengan curiosidad. Pero ahora me gustaría hablar de uno de sus libros. Uno que acabo de terminar de leer. Es un librito que me compré en el Parque Rivadavia. Se llama: Trafalgar, como la batalla. Y lo primero que lees, al abrirlo, es una biografía de un tal Trafalgar Medrano. ¿Y quién es? Un comerciante rosarino. No cualquier comerciante, por supuesto, porque si algo caracteriza a los libros de Angélica Gorodischer, no es la simpleza, sino un comerciante intergaláctico. Y por ahí se va... un entretejido de historias, contadas con diferentes voces. Habla la misma Gordischer; habla Trafalgar y hasta una tía Josefina, que no estoy segura de que haya existido de verdad pero que recuerdo sentada en el patio de la casa de Gorodischer, bebiendo un té riquísimo, entre las flores del jardín y la gata.
Acá les dejo un breve extracto de uno de los diálogos de la historia, que esta repartida en capítulos-cuentos que Gorodischer recomienda leer en el mismo orden en el que aparecen, para comprenderla mejor:


(…)
-Podrías –dijo Trafalgar- escribir un cuento con cada uno de mis viajes.
-Ni loca –le contesté-. En primer lugar los cuentos propuestos por los demás nunca sirven: los cuentos lo eligen a uno no uno a los cuentos. Y en segundo lugar tus viajes son siempre iguales: te pasan un montón de cosas raras, te le tirás, generalmente con éxito, a la más linda que anda por ahí, ganás pilas de guita, ¿y en qué la gastás? En café amargo y cigarrillos negros y discos de Pugliese. ¿Por qué no te comprás un Mercedes último modelo o te vas a Europa de bacán?
-Es más cómodo un remise y no tenés que pagar seguro ni cochera. Y a Europa voy de vez en cuando. Pero no me interesa mucho.
(…)
Una buena lectura para quienes gusten de una literatura fresca y bien hecha.
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8.8.09

Diálogos mínimos | Bicicletas

Divergencias
Por AquaVioleta



-¡Tortuguita! -dijo el hombre.
-¡Tortuguita! -dijo el otro sin dejar de pedalear.
Eran las cinco de la tarde. Hacía fresco y Scalabrini Ortiz estaba tranquila para ser Sábado.
-¡Vení, Tortuguita, la concha de tu hermana! -insistió.
-No puedo... -dijo el otro y siguió de largo.
El hombre quedó repitiendo desde la esquina:
-Vení, Tortuguita. Vení.



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3.8.09

Guerrera Vikinga

Guerrera Vikinga (1)
Por AquaVioleta


Soy una guerrera sin sombra.
Princesa vikinga empolvada,
de trenzas deshechas.
Viva y estampada.
Tapete que bulle
en la nada.
Sé que sin tiempo un relojero es inútil
Así voy.
Guerrera descalza, sedienta.
Caduca de sombras.
Peleo contra mástiles astillados
por molinos de viento.
Prefiero las cenizas
del fuego fatuo.
Escucho al brujo que desnombra
decir: ya no hay magia
y tiemblo.
Me oculto de sus dientes,
de su lengua.
De esa cara llena de arrugas,
de sus sapos verrugosos.
Estoy cansada de pisar el polvo
y de espantar moscas.
Tengo la boca agrietada.
Aunque rio, a veces.
- ¿Ya nada importa? -me dice.
- Sólo el vacio árido del desierto.
Siento un nudo en el cuello,
una gargantilla fantástica
que corta.
Me agrieto desde dentro,
desde la intemperie
de mi mar seco.
No puedo recibir flores.
No hay ninguna que resista el fuego.
- ¡Las trenzas!
- ¡Mis trenzas!
No puedo caminar,
enmarañada en sus hebras,
me pierdo.
Y el polvo sigue,
princesa.
El polvo es eterno.


(1) Dibujo Intervenido. Esta imagen fue escaneada a partir de un dibujo originalmente hecho con colores acuarelables.


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