6.9.09

Diálogos mínimos | De ascensores y sombreros

Té con galletitas
Incongruencia por AquaVioleta


El viernes salí con el tiempo justo para llegar a la oficina.
-Y ahora qué hacemos? -preguntó Aqua de lo mas meticulosa porque últimamente no me la banco mucho.
-Y, nos tomaremos un taxi.
-Muy acertado...
Esperamos un rato en la esquina Rosario/Beauchef y nada. Taxis: todos ocupados.
-Creo que mejor nos vamos en colectivo -le dije después de un rato.
Nos fuimos hasta la parada y al poco tiempo nos subimos a un aparatejo. Llegamos a Paseo Colón cuarenta minutos más tarde. Entré al edificio apuradísima -para variar- y me conseguí con uno de los chicos del séptimo. Subimos al ascensor los dos solos y como siempre el tiempo en la caja metálica avanzó a velocidad de tortuga. Había que interactuar de alguna forma:
-¿Ya tenés sombrero? -me dijo el Seven-Guy.
Como era de suponerse no entendí de qué me estaba hablando -no te pueden recibir con semejante pregunta a las ocho y dele de la mañana-, le dije (muy parca, eso sí):
-¿Qué sombrero?
-¡El sombrero...! -dijo.
Al parecer lo del sombrero era la cosa más obvia del mundo. Aqua enseguida se puso nerviosa: cara de pocker y revoleos de culebra.
-¿Qué le pasa a este muchacho? -me dijo calladito.
Yo, que seguía sin entender, aunque tenía una ligera sospecha, seguí con mi parquedad:
-No sé nada de sombreros- le dije.
-¿No vas a la fiesta de Vero?
¡Ah! La sospecha era cierta, me dije.
-¿No te llegó la invitación? -insistió el Seven-Guy.
-No.
El "no" tajante lo dejó perplejo. Ahora la cara de pocker la tenía él. El ascensor se abrió justo: séptimo y descenso del muchachón. Aqua le sacó la lengua. Por supuesto el Seven-Guy ni lo notó, porque nadie la ve, sólo yo y algún que otro privilegiado.
-Mira que venirnos a hablar de sombreros a esta hora -dijo Aqua cuando se cerró la puerta.
Y así empezamos el viernes.


5.9.09

Libros | Alicia en el país de las maravillas

Alicia en el país de las maravillas
Lewis Carroll
Editorial Losada

Hace unos días terminé de leer Alicia en el país de las maravillas. Sí, confieso que me entró la locura por leerla a partir de que me enteré de que Tim Burton, el año que viene, ya tendrá lista su versión de Alicia para el cine. El libro no lo había leído ni de chica ni de grande y el gusanillo de la curiosidad se puso a trabajar a full. Lo estuve buscando por cuanto puesto de librero encontré. Primero fuimos a una librería que nos gusta mucho cerca de Parque Centenario, luego nos paseamos por el mismo parque y al final no conseguimos nada. Pero ¡Oh! ¡Sopresa! el Capitán lo consiguió y me lo dejó de sorpresa.
Un libro hermoso. Muy limado dirían mis amigos argentinos. Una freakeada, para trasladarlo en términos cuasi modernosos, mezcla de spanglish. Sí, si, un libro para niños y no tan niños. Lewis L. Carroll se destacó con este libro (no he leído Alicia a través del espejo pero ya lo leeré). Es corto pero contundente. Me dejó pensando en ese ¡que le corten la cabeza!, pronunciado cada dos por tres por la Reina de Corazones. También hubo personajes que sorprendieron porque nunca había asociado esta historia ni con la Tortura Remedos ni con el Grifo. Y ahí estaban, aparecieron y desaparecieron con esa magia particular de Carroll.
La versión que leí es de la Colección La Pajarita de Papel de la Editorial Losada, (la edición del 2000 para ser más exactos) que viene con las ilustraciones originales de John Tenniel:

Alice par John Tenniel 25.png
Enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Alice_par_John_Tenniel_25.png

La traducción fue realizada por Delia Pasini de la última edición corregida por Lewis Carroll en 1897. Hay un fragmento del prólogo de la traductora que me gustó mucho porque hace una salvedad sobre la traducción que me pareció muy acertada. Alicia es un libro difícil de traducir porque Carroll utiliza muchos juegos de palabras y poemas a la largo de la historia, que al llevarlos a otro idioma parecen perder un poco de la magia del original. Por eso la traductora aclara que en esta versión se trata de una traducción posible, de un eco del original que

"Llega como ráfagas, y en el camino se pierden acentos, esa sonoridad de la lengua con que fue concebida. Se pierde, sobre todo, la resonancia de la lengua original en quien escucha..."

Lewis Carroll, cuyo nombre verdadero era Charles Dogson, fue un hombre solitario. Lo tildaron algunas veces de pedófilo, quizás muchos caigamos en ese mismo error, pero como bien decía un amigo con el que conversábamos sobre la historia, tal vez Dogson/Carroll era simplemente un niño empedernido, un hombre que disfrutaba de esa fase lúdica que perdemos con la adultez. Alicia es una muestra del mundo imaginativo de Carroll, una parte de lo que era. Surgió como una historia narrada a las hermanitas Liddell -en especial a Alicia, para quien la escribió-, durante un paseo en bote.
Para los que no han leído el libro se los recomiendo, nunca es tarde para sumergirse en el País de las Maravillas, correr tras el conejo blanco, agrandarse o encogerse masticando pedazos de un hongo por recomendación de una oruga que fuma en narguile, tomar el té con el Sombrero Loco y la Liebre de Marzo o, simplemente, conversar con un Gato de Cheshire que desaparece dejando su sonrisa colgada de la nada.
Alicia es una historia para todos y, como siempre digo, para disfrutar con imaginación.