A propósito de Betibú

this is... Betibú
(Dibujo intervenido) 
Por AquaVioleta

El jueves pasado (04-08-2011) estuve en el diálogo “Cómo se escribe una novela. A propósito de Betibú”, que organizó Casa de Letras, en el marco del  evento Luz de Agosto. La idea del diálogo era, como dice el nombre, conversar sobre el proceso que llevó a cabo Claudia Piñeiro para escribir su reciente novela Betibú. Confieso que no he leído nada de Claudia Piñeiro, y pocas cosas había escuchado sobre ella. Sí, se que escribió el libro "Las viudas de los jueves", del que luego se filmó la película y bla, bla, bla... pero nada más. Por eso, iba con mucha espectativa de saber qué tenía Claudia Piñeiro para compartir sobre el proceso de escritura de una novela, no sólo de Betibú, sino de cualquier novela, y la verdad fue un diálogo muy interesante. Más allá de esto, me gustaría resaltar que quien la entrevistó, la también escritora Alejandra Laurencich, supo llevar la conversación a ese rincón que todos queríamos conocer: la cocina del escritor, en este caso, la cocina de Claudia, por decirlo de alguna manera. 


El diálogo comenzó puntual. Claudia, una mujer morocha, delicada, finita, aunque tiene cierto aire de dureza que contrasta con su delgadez, se sentó junto a Alejandra, y lo primero que contestó tenía relación con el inicio del proceso: ¿Cómo nació Betibú?. Según Claudia, y no estoy citando literalmente sino transcribiendo en el mejor indirecto libre que se me ocurre, dijo que para ella la novela, no sólo Betibú, nace de una imagen. Esa imagen tiene la sustancia de los sueños y es el germen a partir del cual la historia arranca, aunque no necesariamente llega a formar parte de la novela que se publica. De hecho, la primera imagen, el germen, de Betibú no está en el libro. ¿La razón? No hacía falta, esa primera escena sólo había servido como detonante de lo que vendría.

Luego vino el problema de comenzar a narrar. Esto no es menor, porque ¿cómo te largas a contar?  Para Claudia, hay que comenzar desde la posición del abismo, es decir, con algo inesperado, que sorprenda en primera instancia. En Betibú la historia comienza con la aparición de un degollado, que pareciera haberse suicidado, pero la cosa no es como parece y se generan dudas, ahí está el abismo.

Después fue pensando la historia y comenzó a largar el material. Determinó cómo se irían moviendo los personajes, en qué escenarios, estableció los límites de su mundo.Acá hizo una acotación: para poder narrar se necesita un tono. Claudia dijo que siempre corrige hacia atrás, releyendo lo escrito. Esto le facilita retomar el tono con el que venía escribiendo. ¿A qué le llama tono? A la voz que fluye y le permite contar la historia, a "la música de la novela". En Betibú, el tono se consolidó cuando aparecieron otros personajes, además de Nurit Iscar.

Betibú depende de un narrador omnisciente, enfocado en un punto de vista particular. La historia tiene varios planos, el mundo íntimo de Nurit, la redacción, el periodismo. Sus personajes tienen grietas, una vida personal, una curva dramática. Hacia la mitad de la historia, Claudia comentó que se le había armado un nudo, no tenía del todo claro cómo seguir. Para poder deshacerlo, tuvo que abandonar los prejucios, tratar de ir hacia otro lado. 

También hay mucho de investigación previa. Claudia mencionó que ésta investigación le sirvió para alimentar la escritura de la novela. Le facilitó hablar con propiedad sobre cómo se produjeron determinadas heridas (la del cuchillo, por ejemplo), o cómo ambientar una redacción. Podía especificar olores, sonidos... una percepción sensorial del escenario que hacen a la historia verosímil y mucho más exacta.

Otra particularidad, y buen consejo, es el hecho de que en Betibú se presta atención a lo que les ocurre a todos los personajes de la historia en determinado momento. En una novela no se puede detener el tiempo y no tomar en cuenta lo que les ha pasado a cada uno de los personajes en determinado momento. Hay que saber qué están haciendo, hacerlo verosímil y sostenible dentro del contexto.

Cuando le preguntaron si era lectora de policiales dijo que en realidad no lo era. Sí, había leído los clásicos, como Chandler, pero no es lo que suele leer. En cuanto a policiales los prefiere del tipo "atravesado por lo social", como Mankell. Entonces, ¿por qué escribe policiales? Porque la novela policial le da el marco de donde partir para armar la novela. Le permite poner a los personajes en situaciones límite. La angustia mayor es la de la muerte. 

Recomendó un par de autores: David Lodge (El arte de la ficción) y Amos Oz (Una historia que comienza).



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