Libros | Novelas cortas, justas para el verano

Lectura para el verano

El baile, de Irene Nemirovsky. Editorial Salamandra. Colección Letras de Bolsillo. 
Edmond Ganglion e Hijo, de Joël Egloff, Editorial Lengua de Trapo. Colección Otras Lenguas. 
Las primas, de Aurora Venturini. Literatura Mondadori.

Tres libros que recomendamos leer este verano. Historias breves, concisas y al pie. Para leer recostados bajo la palmera.
Compramos El baile en la librería Los Cachorros (Díaz Velez 5011), un punto fijo alrededor del que solemos boyar durante nuestras largas caminatas. Lo primero que me llamó la atención del libro es la trágica historia de la autora. Irene Nemirovsky era ucraniana, nació en Kiev en 1903; descendiente de judíos. Su familia se instaló en París en 1919, escapando de la revolución rusa. Estudió Letras en la Sorbona. Y comenzó a escribir a los 18 años, en francés. Obtuvo renombre con su primera novela: David Golder. Algo curioso es que el editor tuvo que publicar un anuncio para lograr ubicarla, porque Irene no había querido incluir un sobre con sus datos cuando envió del manuscrito. 
Aunque inició su carrera como escritora con mucho éxito, la segunda guerra mundial acabó sus proyectos. Irene y su familia fueron víctimas de las leyes antisemitas de 1940, aunque se habían convertido al catolicismo. Su marido no pudo trabajar más como banquero y a ella le prohibieron publicar. Aun así, Irene siguió escribiendo. Fue arrestada en 1942 y deportada a Auschwitz, donde murió de tifus. Aunque su marido hizo todas las gestiones posibles para liberarla, sólo logró que a él también lo arrestarán. Terminó deportado a Auschwitz, donde fue asesinado en la cámara de gas. Sobrevivieron sus dos hijas. A quien Irene les había confiado una maleta. La conservaron durante sesenta años. En la maleta estaba el manuscrito de la Suite Francesa, que en 2004 generó un fenómeno editorial fuera de lo común. La novela se tradujo a treinta y nueve idiomas; obtuvo muchos premios, entre los que destaca el Premio Renaudot, que se otorgó por primera vez a un autor fallecido. El baile es una de las primeras novelas que publicó. 
Antoinette, la nena, de algún modo se asemeja a la joven Irene, por lo menos esa fue mi impresión luego de leer un poco sobre su vida. Los Kampf, padres de Antoinette, son nuevos ricos. Se instalan en una lujosa casa en París. Para ganarse el reconocimiento de la alta sociedad francesa, organizan un baile para doscientos invitados. Lo planifican con detalle. Tiene que ser un gran acontecimiento social. Pero no cuentan con los deseos de Antoinette. No quieren que les arruine el baile. La excluyen, muy en contra de sus súplicas. La nena se reciente. Es infeliz. Los odia. Algo pasa, algo terrible. Y eso desata el absurdo. Una narración exquisita, que fluye.

Edmond Ganglion e Hijo, en cambio, viene por otro lado. Aunque también transcurre en Francia. Habla de un pueblo: Saint-Jean. Donde no muere nadie desde hace un tiempo. La funeraria Ganglion e Hijo, antes una empresa próspera, está casi arruinada. Y Ganglión, que nunca tuvo hijos, se desquicia porque no puede pagar las cuentas. Bebe y espera, mientras sus dos últimos empleados se pasan el día lustrando lápidas. Hasta que un día, de la nada, aparece un muerto. Entonces, se inicia una sórdida marcha fúnebre. 
Me gustó mucho la aparente sencillez de la prosa de Joël Egloff. Pinta a Saint-Jean con ironía, y al mismo tiempo con humor; bien negro, además. Es una historia delirante. Joël nació en Créhange en 1970. Estudió cinematografía. Trabaja como guionista de cine, también colabora como realizador de películas institucionales, videos y documentales. Edmond Ganglión e Hijo es su primera novela publicada (1999). Recomendable leerla, aunque no la recomiendo a personas delicadas.

La novela Las primas me la regalaron el año pasado. A primera vista un libro más. Pero no hay que dejarse engañar por la delgadez del elemento. Aurora Venturin, la autora, escribió la novela a los 85 años. La mandó, dos días antes de que finalizara el plazo, al concurso Nueva Novela, organizado por Página 12 en 2007, y ganó. Toda una ironía. Sólo por eso, hay que leerla.
Las primas es una novela fabulosa. Terrible y encantadora, al mismo tiempo. Fusiona claridad en el relato con una extraña y justificada falta de signos de puntuación. Es casi mágica la forma como Yuna, la protagonista de la historia, lleva de la mano al lector con un registro pacífico de las cosas anormales que pasan a su alrededor. Yuna se toma la vida con calma. Sabe que su mundo no es del todo normal pero no se deja intimidar. Lo acepta. Las primas soy yo, cuentan que dijo Aurora Venturini al enterarse que había ganado el premio. Lo pueden leer en la entrevista que le hizo Liliana Viola, para Página 12. Una “nueva” autora que está por cumplir 90 años. ¿Cómo no sorprenderse?

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