Un año más



Nací un día viernes, poco antes del amanecer. Renazco cada día, al abrir los ojos y darme cuenta de que hay un nuevo día, aunque mi pieza sea tan oscura como una boca cerrada. También renazco en cada cosa que escribo, en cada una de las palabras que quedan colgadas aquí y allá. Hace tres días, volvió a marcarse un nuevo año en mi calendario de nacimiento. Pero los años, el tiempo, pasa y yo me sigo sintiendo como la nenita que era hace más de treinta años.

Un año más sabía, suele decir mi hermana menor cada vez que me felicita por un cumpleaños más. Estás de quince, me dijo la otra, la que vive acá y no le gusta hablar de que nos hacemos más viejas, biológicamente hablando, aunque no queramos. Este año anulé la fecha de mi cumpleaños que tenía Don Facebook. Lo hice de prueba y me sorprendí. Los únicos que recordaron que nací un día viernes, poco antes del amanecer, fueron el pechugo, que duerme conmigo y le quemo la cabeza a diario; esas dos hermanas locas que me regaló el Cosmos y me dicen que soy guapa y bella aunque sea la más grande de las tres; mis padres que no lo olvidan nunca y se gastan fortunas en llamadas al extranjero para cantarme el cumpleaños por teléfono; mis padres adoptivos y mis cuñadas, que se toman la molestia de llamar desde el interior, y la bella Vir, que tiene dos gatas preciosas a las que les sirvo de madrina cuando no está. 

El año pasado, para esa misma fecha, mi perfil de Fb explotaba pero hace tres días, no. No me quejo, es algo de lo más natural y comprensible. No soy el ombligo del mundo sino un simple mortal como cualquier otro. Pero me llamó la atención y no quería dejar pasar más tiempo antes de reflexionar al respecto. Me doy cuenta de que los avances tecnológicos aunque útiles en muchos aspectos también se vuelven en contra de la memoria. Don Facebook, las agendas electrónicas, internet, nos hacen correr el riesgo de volvernos cada vez más tontos, o ¿no? Quizás sólo sea cuestión del uso e importancia que le demos. Yo soy feliz igual, me tomé un vinito y escuché al pechugo hablarme de Chile, de ese viaje al otro lado de este maravilloso continente, que hice con él aunque no estuviera. Y sigo feliz, hace tres días cumplí un año más y me siento igual que siempre. 

La felicidad renace cada día en las pequeñas demostraciones y somos nosotros quienes decidimos qué hacer con ella. Mañana voy a hacer un bizcochuelo, y me llevaré un pedazo para matear mientras leemos cuentos. Si mi terapeuta leyera esto tal vez diría: "Bueno, muchacha, venimos trabajando muy bien" ^_^

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