Minimalismo culinario | Rolls de canela caseros

Roll de canela hecho en casa
La primera vez que vi un roll de canela fue en un centro comercial. Recuerdo que eran unos panes riquísimos, esponjosos y colmados de manteca. Me gustaba pedirlos con extra topping. En aquella época yo era un palito y por más que todo rebalsara de grasa nada me engordaba, así que podía comer kilos de mantequilla sin que se moviera ni pizca la balanza. Ahora no tanto, aunque sigo gozando de cierta benevolencia genética. En fin, la cosa es: nunca se me había ocurrido cocinar panificados, menos un roll. Para mí ese pancito húmedo venía de otro planeta y sólo era capaz de hacerlo un maestro panadero, ni más ni menos. Sin embargo, con el paso del tiempo y mi curiosidad he ido incursionando de manera autodidacta en ciertas recetas, entre ellas la elaboración de estos deliciosos pancitos.


Me puse a investigar y di con una receta de roles de canela en un canal de YouTube que se llama "Cocina al natural". Cada vez que se me ocurre que quiero cocinar algo investigo. Miro varias recetas aquí y allá. Cada quien tiene su propia manera de matar piojos así que para estar segura me veo unos cuantos videos, leo unas cuantas páginas y luego termino haciendo mi propia versión. Hoy quería compartir la que me armé de estos rolls. Hay millones de lugares donde conseguir cómo hacerlos esta es mi humilde versión. 

Aunque esta receta no es muy complicada si es algo laboriosa, deberás hacerla con tiempo porque la masa necesita levar unas cuantas veces. Si tienes paciencia te vas a premiar con unos pancitos riquísimos así que respira y sonríe. Las comidas siempre quedan más ricas si les pones buena onda y mucho cariño.

ROLLS DE CANELA
Ingredientes
Para la masa:
2 y 3/4 de tazas de harina de trigo 000
1/2 taza de agua
1/2 taza de leche
1/4 taza de azúcar
4 cucharadas de mantequilla sin sal (derretida)
1 y 1/2 cucharadita de extracto o esencia de vainilla
Pizca de sal
1 cucharadita de canela en polvo
1 huevo
1 sobre de levadura en polvo (la que se usa para pan no la química)

Para el relleno:
100 gramos de mantequilla sin sal (en pomada, o sea blandita)
4 cucharadas de azúcar (con la morena queda más rico)
1 cucharada de canela en polvo

Preparación:
Primero hay que hacer la masa madre. No te asustes que no es nada del otro mundo: Vierte el agua y la leche en una ollita y lo llevas al fuego hasta que la mezcla esté tibia. Trata de que no se caliente demasiado, tiene que ser tibia como para darle a un nene. A temperatura de sangre, diría mi mamá. Coloca la mezcla tibia en un bol y agrégale la levadura en polvo. Mezcla bien con un batidor de globo, o lo que tengas a mano. Agrégale  la cucharada de azúcar, puede ser blanca, o negra, la que te guste más. También agrega una taza de harina. Trata de cernir la harina antes de mezclarla, así garantizas que no tiene grumos y te queda la cosa más prolija. Mezcla todo con el batidor hasta obtener una masa pegajosa. Cubre el bol con papel film y deja reposar por 30 minutos para que fermente. Vas a ver que pasado ese tiempo obtienes una mezcla llena de burbujas, como una especie de esponja blanda. Bien, esa es tu masa madre. 

Luego, hay que pasar a la fase de amasado que para mí es la parte más divertida. En otro bol vierte el resto de la harina, el cuarto de taza de azúcar, la pizca de sal y la cucharadita de canela. Mezcla bien estos ingredientes secos para que quede homogéneo. Haz un huequito al medio y ahí vierte la masa madre que preparaste. Mezcla un poco, usando una paleta de madera. Luego agrega las cuatro cucharadas de mantequilla derretida (trata de tenerla lista con tiempo para que la agregues ya fría). También agrega el huevo y la cucharadita y media de vainilla. Sigue mezclando hasta que obtengas una masa pastosa. Sobre una mesada espolvorea un poco de harina y vierte ahí la masa. La idea es que ahora sí amases sobre la mesada. Si vez que te queda muy pastosa la masa agrégale una media taza de harina y amasa. Ve agregando un poquito de harina cada vez y amasando para incorporarla. El amasado tiene que ser envolvente. Así, de a poquito vas a obtener una masa suave pero que medio se pega a los dedos pero no mucho. Esta masa tiene que quedar húmeda. Amasa por aproximadamente 6 minutos. Luego, aceita el bol y coloca ahí la masa. Tapa con papel film y déjala reposar en un lugar templado por una hora, o hasta que la masa duplique su tamaño.

Ahora pasamos a rellenar. Como dije: esta elaboración requiere tiempo. Paciencia. Mientras esperas que la masa crezca puedes dejar que la mantequilla para el relleno se ablande y preparar la mezcla de azúcar y canela. Cuando veas que la masa está lista, es decir, bien abombada, espolvorea la mesada nuevamente con harina. Saca la masa y extiéndela con rodillo (no la amases, solo estírala). La idea es que formes un rectángulo de unos 25 x 45 centímetros. Anda tirándole poquitos de harina para que no se pegue del rodillo ni de la mesada. Luego que tienes el rectángulo adecuado, úntalo con los cien gramos de mantequilla, procurando dejar una de las orillas más largas con unos tres centímetros sin untar. Ese lado te va a servir luego para terminar de sellar el rollo. Encima espolvorea la mezcla de azúcar y canela. Trata de hacer una distribución equitativa para que todos los rollos queden ricos. Aplica un poquito de agua en la orilla que dejaste sin untar y luego ¡a enrollar! La idea es hacer un rollo, algo así como un pionono. Pero sin apretar. Una vez enrollado pellizca un poquito la orilla del borde para que quede bien sellado el rollo. Para armar los bollitos hay que cortarlos (con cuchillo o con un hilo de naylon). Se supone que con estas cantidades deberían salir alrededor de 12 rollos pequeños u ocho grandes.

Esos rollitos los vas a ir colocando en una fuente para horno previamente enmantequillada. Recuerda que van crecer así que trata de usar una fuente con profundidad y colócalos de modo que haya espacio entre cada uno. Vuelves a taparlos con papel film y los dejas reposar por una hora, más o menos. En ese tiempo la masa volverá a levar. Pasado ese tiempo los metes al horno durante 25 minutos a una temperatura de 150 °C, aproximadamente. Sácalos y déjalos enfriar un ratito antes de probarlos. Mientras, puedes preparar el mate o un café y listo, ¡a comer!


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